Por: Sandra Marbán. Coach familiar

La Real Academia de la Lengua Española define al “amo” como el dueño o señor de la casa o familia, también afirma que dicho vocablo se utiliza como tratamiento dirigido al señor o a alguien que desea manifestar respeto o sumisión.

En la realidad la mayoría de las veces, cuando se refieren al “amo”, de inmediato evocas a alguien con poder, la cosa está cuando a dicho sustantivo lo cambias de género y lo acompañas con un “de casa”.

Actualmente dicha nomenclatura, se ha desvalorizado, cuando te refieres a una “ama de casa”, la mayoría, casi puede pensar en alguien encerrada, con frustraciones, cerros de ropa, quehacer interminable, estrés innecesario, cansancio y sueños en la basura.

Hay un dicho bien cierto, “cada quien habla como le va en la feria”, así que te voy a platicar de una Ama de Casa, del otro lado del espejo.

La conocí hace algunas décadas, inteligente, fuerte, auténtica. Se graduó como profesora con el promedio más alto de su generación, con sus ingresos colaboró a construir una casa para su mamá, después ingresó a la licenciatura en Educación Especial en donde otra vez destacó por su entrega y dedicación; luchó por estudiar simultáneamente psicología educativa y por supuesto, lo consiguió.

Quienes la conocen saben que su inteligencia es algo reconocible, pero su responsabilidad y disciplina son de otro nivel. Fue educada en una familia en donde el matriarcado está marcado prácticamente desde la genética; sin embargo tuvo la gran fortuna de provenir de una madre que sabía lo que era defender los derechos de la mujer sin odiar a los hombres, la educó en la dignidad y la fortaleza, jamás perdiendo la naturalidad de las circunstancias, para poder encontrar la libertad en lo ordinario y lo extraordinario en lo cotidiano.

A los 23 años su vida dio un giro radical, formó una familia y su vida cambió por completo, cambió las escuelas por el mostrador y así, creyendo en el sueño de pareja que estaban forjando, su amor y ella, se aventuró a algo que era completamente nuevo y aunque la mayoría no estaban de acuerdo e incluso la criticaban por “sacrificar su gran futuro”, ella estaba convencida que el futuro que estaba creando era mucho más grande e importante que el que los demás le auguraban.

Pasó el tiempo, su esencia siguió intacta, ahora en otro campo pero su dedicación y disciplina se mantuvieron, y junto a su esposo, forjaron una empresa que rápido iba en crecimiento, sin duda este futuro pintaba mucho mejor, aun así no faltaba quién dijera: “¿entonces para qué estudiaste?,  yo que la conozco puedo decir que sus estudios y conocimiento resignificaron, sus aplicaciones en el contexto real: estimulación temprana a sus hijos desde su nacimiento, la pedagogía: aplicada en cada desarrollo del tema que sus hijos veían en la escuela, su disciplina y enseñanzas: en la exigencia para que sus hijos siempre tuvieran los trabajos más presentables posibles; sí, si aplicaba el arrancar la hoja para volverlo a hacer mejor.

Cambió el adorno del salón, por el adornar libretas, recámaras, fiestas infantiles, disfraces… y de la Navidad ni hablamos, se luce cada año; se esforzó cada instante para que sus hijos tuvieran la mejor infancia, dándoles acompañamiento diario; canjeó la preparación de grupo para los festivales por la preparación de sus hijos para obras infantiles, oratoria y poesía.

La cultura jamás abandonó su hogar, la ópera, la música instrumental, documentales, hablar de política, leer, escribir era algo cotidiano, las cartas su mejor forma de comunicarse, y ni qué decir de las que a través de ella escribían los Reyes Magos. Aún hoy día, si algún día puedes revisar su bolso, puedes encontrar al menos tres libros, lee como quien toma agua para vivir, se ilustra, aprende, investiga.

Siempre cuidó los buenos modales, el respeto, las formas y ser cariñosa es algo natural, no me malinterpreten, también es dura, exigente, parece inquebrantable, su resiliencia es notoria, siempre buscó contagiarla, una de sus frases célebres: “sal, ¿ya viste?, la vida continúa, el mundo no va a esperar a que dejes de llorar”… ¿otra?… “¿cuántos años pasaron para que nacieras?, ¿cuántos años pasarán después de que mueras? Lo ves, tu vida solo es un instante entre dos eternidades, haz que valga la pena, disfrútalo.” Así es, es bastante sabia.

No me creerás pero además cocina bastante bien, siempre está innovando y no sé cómo le hace, pero le da tiempo para todo, es la mejor enfermera, nunca sus hijos o esposo pasaron un instante sin ser cuidados, les dio el seguimiento necesario para observar su desarrollo.

Con todo lo que he dicho podría decirte que siempre está cansada o estresada, pero ¿has escuchado que cuando haces lo que te gusta por más pesado que sea lo disfrutas?, ella es la viva imagen de eso. Después de estar en el negocio, preparar algo rico, en la sobremesa siempre encontrará algo que leerte, una noticia importante, algún descubrimiento científico, pensamientos, reflexiones y todavía le queda la energía suficiente para escuchar lo acontecido en tu día.

Hoy a 34 años del cambio radical a su vida profesional, puedes preguntarle si le faltó algo por hacer y te responderá que no, que sus conocimientos claro que sirvieron y sirven para algo. El ser profesionista ha ayudado a una mejor administración de sus negocios, su dedicación y disciplina han sido los cimientos para un buen hogar; y si le preguntas a sus hijos si están orgullosos de que su mamá sea ama de casa, te dirán que: es el mejor regalo que la vida les pudo dar. Que efectivamente se comporta y realiza como toda una AMA de casa.

Podría decir que es “linda, mi amiga, gaviota”… pero esa canción le choca, lo que sí puedo decir es que es MI MADRE.

Con todo lo que te conté no quiero convencerte de ser ama de casa o de lo contrario, solo busco resignificar el concepto “ama de casa”, decide lo que quieras hacer, ser mamá profesionista es algo de mucho orgullo y no serlo, también… mujeres frustradas por estar dentro de tu casa, hay; y mujeres frustradas en alguna oficina, también. Decide conscientemente lo que quieres hacer y que sea tu actitud y lo esencia lo que te defina, más no el contexto en el que desenvuelves.

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