La tlaxcalteca dictó cátedra sobre el valor del Poder Legislativo compartió su experiencia parlamentaria, desde la LI Legislatura hasta la LVIII, y llamó a la unidad de las mujeres legisladoras más allá de ideologías.

Por: Ana Sánchez

En un discurso cargado de memoria histórica, reflexión democrática y profundo amor por el Poder Legislativo, la senadora Beatriz Paredes Rangel ofreció una ponencia magistral durante el encuentro convocado por la diputada Kenia López Rabadán, donde compartió con legisladoras de distintas fuerzas políticas las experiencias más significativas de su amplia trayectoria parlamentaria.

La política tlaxcalteca, una de las figuras más emblemáticas del priismo y con una carrera legislativa que abarca desde la LI Legislatura federal hasta la LVIII, agradeció la iniciativa de López Rabadán y reconoció el valor de las legisladoras presentes: «Valoro en su dimensión exacta y aquilato las aportaciones que hicieron al país en su momento -las que están haciendo- cuando tuvieron, cada una de Ustedes, la oportunidad de dejar su huella en el tiempo histórico que les ha tocado vivir».

Paredes Rangel inició su intervención confesando su afinidad por el Poder Legislativo: «Es el Poder en donde encuentro que se proyecta con mayor nitidez mi personalidad, soy una demócrata, aprecio que las decisiones sean colegiadas, no creo en el Poder unipersonal, pienso que son necesarios los equilibrios, valoro moverme entre pares y que sea la razón la que finalmente impere».

Recordó sus inicios formándose «a la vera de un gran legislador, Emilio Sánchez Piedras», quien fuera Líder de la Cámara en la época del presidente López Mateos, su experiencia local como diputada, presidenta del Congreso y coordinadora de la mayoría parlamentaria en Tlaxcala, durante el primer trienio de su gobierno, le permitió aprender «la significación del Federalismo» y la necesidad de contribuir a su ampliación.

La legisladora recordó con orgullo su participación en la LI Legislatura Federal, «Primera Cámara de la Reforma Política derivada de la LOPPE de 1977», donde tuvo el honor de ser Presidenta en el primer mes de ejercicio de la Legislatura, «situación histórica, por lo que significó para la apertura democrática, para la transición y para el inicio de una nueva etapa de la vida política del país», enfatizó.

Posteriormente, en la LIII Legislatura, donde también presidió la Cámara, pudo «justipreciar el valor del Poder Legislativo en otra de sus facetas: la de espacio de contención y encausamiento de grandes problemas sociales», fue la Legislatura que atendió a los miles de damnificados por el sismo del 19 de septiembre de 1985.

«Esa Legislatura, al escuchar a los damnificados y convertirse en correa de transmisión fidedigna de sus necesidades ante el Ejecutivo, jugó un papel relevante en el encuentro de soluciones innovadoras para resolver la crisis de vivienda, servicios y nueva visión de desarrollo urbano que necesitaba la Ciudad de México. Grandes iniciativas pasaron por la LIII», relató.

La priista identificó como el momento más aleccionador de su vida parlamentaria cuando tuvo el privilegio de presidir el Órgano de Gobierno, coordinar la mayoría parlamentaria y presidir la Cámara de Diputados en la LVIII Legislatura, en el año 2000.

«Por vez primera, en natural secuencia de la transición democrática, el Partido de mi militancia había perdido la Presidencia de la República, me tocaba encabezar a la oposición, comprender el tiempo histórico que atravesaba el país, anteponer los intereses del Estado Mexicano, el papel que se requería del Poder Legislativo para coadyuvar a la gobernanza democrática en beneficio de todas y todos», expuso.

Se trataba, explicó, de «darle viabilidad a la transición democrática, al Estado de Derecho que desde mi Partido habíamos construido y transformado», una Cámara plural, donde el partido del Presidente no tenía mayoría, debía demostrar «que los mexicanos podemos convivir en democracia y, pese a las diferencias, cumplir con nuestras responsabilidades políticas e impulsar el desarrollo de México, de no convertirnos en dique, sino en cauce».

Paredes Rangel compartió tanto momentos notables como difíciles de su gestión, entre los primeros, destacó «la presencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, expresándole al país su verdad, desde la Tribuna de la Cámara», y «la creación del Instituto Nacional de la Mujer, como una iniciativa que surgió del Poder Legislativo, de las legisladoras de todos los partidos, demostrando que cuando las mujeres diputadas se unen, independientemente de sus ideologías, alcanzan superiores objetivos».

Entre los momentos difíciles, mencionó «la irrupción violenta al Recinto Parlamentario y la compleja negociación para recuperar nuestro espacio sin requerir a la fuerza pública», así como «el recurso del ‘Reloj Parlamentario’ para dar oportunidad a concluir la negociación presupuestal».

«¡En fin! Circunstancias y hechos inolvidables. Actitudes que reflejaban la cualidad de las personas», reflexionó, recordando también el respaldo de otra mujer con enorme experiencia legislativa, María de los Ángeles Moreno, entonces en el liderazgo de la Asamblea del Distrito Federal.

En la parte medular de su mensaje, la diputada federal reflexionó sobre la naturaleza del Poder Legislativo: «La vida – ese instante de luz entre dos sombras –, a veces te regala la oportunidad, por algunos minutos, de intentar trascender. Esa, es la característica del Poder Legislativo, la trascendencia».

«La Ley trasciende, repercute en la vida de las sociedades, en la arquitectura de las naciones, en el destino de los pueblos. La Ley es el instrumento de las sociedades humanas para normar su convivencia y su capacidad de existir, transformando al mundo, descubriendo Universos», enfatizó.

Explicó que aprecia haber sido Legisladora «porque permitió que mi individualidad, mínima y pequeña como son todas las individualidades, se fundiera con una colectividad política y, legislando, coadyuvara al destino de grandeza que debe alcanzar nuestra Patria y avanzáramos un poco, en la larga marcha para conquistar la plena democracia».

En el cierre de su intervención, Paredes Rangel lanzó un mensaje contundente sobre el contexto internacional: «En esta obscura hora del mundo donde parece que la desmemoria obnubila a los liderazgos belicistas, un evento como éste es alentador».

«Me pronuncio desde luego enérgicamente por la Paz, la recuperación de la Paz y el respeto al derecho internacional, desde la civilidad del Congreso mexicano. Ello me parece indispensable», declaró.

Concluyó retomando sus palabras como presidenta del Congreso de la Unión el 1 de septiembre de 2001: «Fieles cada quien a sus orígenes, leales a las ideología y proyectos históricos que a cada uno han dado sustento, sin renunciar a la crítica, al debate, al antagonismo legítimo y consustancial a toda democracia, debemos tener la capacidad de transitar el Siglo XXI, construyendo la oportunidad que existe. Existe también el riesgo, dependerá también de imaginación, consistencia y valor, dependerá en fin de nuestro amor a México».