Morena acaba de aprobar en el Senado una reforma que abre la puerta para usar el dinero de las Afores en proyectos del gobierno. No es un tema menor: estamos hablando del ahorro de toda una vida de más de 70 millones de mexicanas y mexicanos.

El ahorro para el retiro no es caja chica del gobierno. Ese dinero no le pertenece al Estado, ni a un partido político. Le pertenece a cada trabajador que lo ha construido con esfuerzo.

Lo grave es el modelo que están impulsando:
el gobierno decide qué proyectos son “estratégicos”, los promueve políticamente… y ahora también quiere financiarlos con el dinero de la gente.

Eso es concentración de poder. Y también es un riesgo.

Porque cuando esos proyectos fallan —y ya hemos visto sobrecostos, retrasos y baja rentabilidad— el costo no lo paga el gobierno. Lo pagan los trabajadores con su futuro.

Estamos hablando de más de 6 billones de pesos.
Del patrimonio de millones de familias.
De las pensiones de todo un país.

No es sano ni responsable que el mismo gobierno diseñe, impulse y pretenda financiar sus obras con el ahorro de las y los trabajadores. Aunque existan filtros técnicos, el riesgo de discrecionalidad y uso político es real.

Hoy, el ahorro para el retiro entró al terreno de las decisiones políticas. Y eso, simplemente, no se puede permitir.

El PRI votó en contra porque hay una línea que no se debe cruzar:
defender el dinero de las y los trabajadores.

Sí a la infraestructura.
Sí al desarrollo.
Pero no a costa del futuro de millones de mexicanos.