Likes no son votos y Facebook no es Tlaxcala
- 8 febrero, 2026
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Hay una escena que se repite con una ternura casi enternecedora: algunos medios locales celebrando sus más de 40 mil seguidores en Facebook como si acabaran de ganar una elección constitucional. Se inflan el pecho, se asumen formadores de opinión y dictan candidaturas desde el teclado… mientras Tlaxcala —la real, la profunda, la que no vive en el feed— sigue caminando por otro lado.
Porque alguien tiene que decirlo, aunque se pierdan likes: Facebook es lo de ayer. Es la sobremesa digital de la generación X, el ring favorito de opinadores profesionales y el hábitat natural de la grilla reciclada. Pero los jóvenes —esos a los que todos dicen hablarles— ya no están ahí. Tampoco viven obsesionados con TikTok o Instagram, como muchos creen. Se mueven en otros espacios: chats, comunidades cerradas, códigos propios que no necesitan aplauso público. Y, sobre todo, desconfían profundamente de la política en modo influencer.
Mientras tanto, hay municipios enteros en Tlaxcala donde el internet apenas llega —si llega—, donde la información sigue entrando por la televisión abierta y donde la decisión política no se toma por un post viral, sino por identificación, historia y arraigo. Ahí sigue pesando el “candidato del pueblo”, el que se conoce, el que caminó, el que estuvo. Y sí, ahí Morena sigue siendo referencia, con todos sus claroscuros.
En ese contexto, resulta casi cómico observar cómo se construyen “candidatos fuertes” a golpe de nota, foto y evento multitudinario. El caso de Óscar Flores Jiménez es ilustrativo: tlaxcalteca, con trayectoria nacional, con un cargo relevante como secretario de Finanzas del Estado de México y con un discurso claramente lopezobradorista. Todo eso suma… en el papel. Pero en tierra, en Tlaxcala, su presencia es mínima. Dos o tres apariciones no construyen liderazgo ni representación. Y las encuestas —las internas, las que sí importan— lo dicen sin rodeos: números por debajo de los dos dígitos. Gris. Todavía muy gris.
Del otro lado está Ana Lilia Rivera Rivera, y aquí el contraste es brutal. No es un producto de redes ni una moda electoral. Es una mujer de izquierda, de lucha, fundadora de Morena en Tlaxcala junto con Andrés Manuel López Obrador; hoy, de los personajes de más confianza de la Presidenta Claudia Shembau Pardo, quién por cierto le ha pedido personalmente la ayude en Tlaxcala, caminante de territorio, defensora del maíz, del campo y de las causas que no dan likes, pero sí identidad. Dos veces senadora de la República —la segunda por reelección—, ex presidenta de la Mesa Directiva del Senado y, hoy por hoy, presidenta de la Comisión de Seguridad Nacional. No es un cargo menor ni decorativo: implica información estratégica, mapeo y conocimiento real de uno de los temas más delicados del país.
Hay además un dato que muchos prefieren olvidar: cuando perdió la interna por la gubernatura frente a Lorena Cuéllar, se disciplinó. No rompió, no saboteó, no incendió el movimiento. Regresó al Senado y siguió trabajando. Eso también es política. Y de la que no se aprende en redes sociales.
Y luego está la carta heredada, casi dinástica: Alfonso Sánchez García, hijo de Alfonso Sánchez Anaya. Un apellido que no despierta precisamente nostalgia. Un exgobernador que intentó imponer a su esposa como sucesora, que trajo a un personaje criminal a la Procuraduría del Estado y que arrastra señalamientos gravísimos. Hoy, sin proyecto propio, intenta heredar el poder al hijo.
El problema es que el hijo no tiene resultados, ni experiencia sólida, ni una gestión municipal que presumir. Su presidencia en la capital ha sido gris, marcada por señalamientos permanentes y una ausencia evidente de impacto real. Más ocupado en la foto con la gobernadora —quien, por cierto, le hace el favor de pasearlo en cuanto evento puede— que en gobernar.
Y el mensaje desde Palacio Nacional fue clarísimo: la semana pasada, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en su visita a San Quintín, Baja California, regañó públicamente a legisladores por andar buscando fotos en lugar de atender las demandas ciudadanas. Más claro, imposible. En Tlaxcala capital, ese llamado queda como anillo al dedo. Para Alfonso Sánchez García y también para la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, que insiste en venderlo como opción fuerte.
Como si repetirlo muchas veces en Facebook pudiera convertirlo en realidad.
La ironía es simple: confunden ruido con fuerza, seguidores con votos y redes con territorio. Pero la política real —la que define candidaturas y gana elecciones— sigue pasando por la historia, el arraigo, la coherencia y los números serios. Y hoy, esos números colocan a Ana Lilia Rivera con más de 25 puntos de ventaja sobre cualquier competidor interno del movimiento guinda.
Así que no: los likes no ganan elecciones. Y Facebook, por más que lo intenten, no es Tlaxcala.

Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Altiplano.
Fue directora de Comunicación Social en el Ayuntamiento de Chiautempan, se desempeñó como Corresponsal del Diario de México en diversos Estados de la República Mexicana; Reportera de la Coordinación General de Información y Relaciones Publicas del Gobierno del Estado. Fungió como jefa de Información en el Ayuntamiento de Tlaxcala, Vocera de la Dirección de Atención de Migrantes (DAM) e Instituto Estatal de la Mujer (IEM); además fue coordinadora de comunicación social en el ayuntamiento de Yauhquemehcan, y jefa de Información del Grupo Monitor Nacional; Actualmente es la Directora General de Tlaxcala Digital.









