Las primeras grietas del proyecto sucesorio en Tlaxcala
- 10 febrero, 2026
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La reciente salida de funcionarios de primer nivel del gobierno que encabeza Lorena Cuéllar Cisneros no puede leerse como un simple ajuste administrativo. Por el contrario, todo apunta a que se trata del inicio de una desbandada que evidencia tensiones internas, reacomodos forzados y, sobre todo, debilidad en el proyecto político que desde Palacio de Gobierno se intenta construir rumbo a la sucesión estatal.
La Oficialía Mayor de Gobierno y la Secretaría de Agricultura no son dependencias menores. Son áreas estratégicas, centrales en el manejo de recursos, operación política y control administrativo. Que sus titulares abandonen el barco en este momento clave envía una señal inequívoca: algo no está funcionando en la lógica de continuidad que la gobernadora pretende impulsar, particularmente en favor del alcalde de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, quien aspira a convertirse en el candidato de Morena al gobierno del estado.
Lejos de fortalecer ese proyecto, estos movimientos lo exhiben. La lectura es clara: las piezas comienzan a moverse no por convicción, sino por necesidad. La intención evidente es realinear dichas dependencias para ponerlas al servicio de un delfín político que no termina de despegar. Sin embargo, el intento parece condenado al fracaso. Los cambios no llegan para corregir el rumbo, sino para tapar huecos financieros y operativos que dejaron quienes hoy se marchan, generando más dudas que certezas.
La narrativa oficial insistirá en que se trata de renovaciones normales, pero en el terreno político el mensaje es otro. Cuando áreas clave entran en proceso de recomposición, lo primero que ocurre es una parálisis interna: revisión de cuentas, ajuste de inercias y, en muchos casos, la necesidad de explicar ausencias más que de construir futuro. Pretender que, en medio de ese escenario, dichas dependencias se conviertan en motores eficaces del proyecto de Alfonso Sánchez García resulta, cuando menos, poco realista.
En contraste, estas salidas sí reconfiguran el tablero interno de Morena. De cara a la definición de la candidatura al gobierno estatal, quien resulta fortalecida es la senadora Ana Lilia Rivera Rivera. Su discurso constante contra la corrupción y la impunidad, así como su distancia de los grupos que hoy muestran desgaste, la colocan como una opción que capitaliza el desencanto y la exigencia ciudadana de congruencia política.
La percepción pública es implacable en estos casos. En política, como en la navegación, cuando el barco comienza a hacer agua, los primeros en saltar son quienes mejor conocen su estado real. No es casualidad que las renuncias se den ahora, ni que provengan de áreas donde se concentra el poder administrativo. La señal es contundente y el electorado la entiende: algo se está desmoronando antes de haber sido consolidado.
Así, la supuesta reingeniería gubernamental no solo no abona al proyecto sucesorio de Alfonso Sánchez García, sino que lo debilita. Porque cuando un proyecto genera más salidas que adhesiones, más dudas que entusiasmo, el problema no está en los nombres que se van, sino en la viabilidad del rumbo que se pretende imponer.

Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Altiplano.
Fue directora de Comunicación Social en el Ayuntamiento de Chiautempan, se desempeñó como Corresponsal del Diario de México en diversos Estados de la República Mexicana; Reportera de la Coordinación General de Información y Relaciones Publicas del Gobierno del Estado. Fungió como jefa de Información en el Ayuntamiento de Tlaxcala, Vocera de la Dirección de Atención de Migrantes (DAM) e Instituto Estatal de la Mujer (IEM); además fue coordinadora de comunicación social en el ayuntamiento de Yauhquemehcan, y jefa de Información del Grupo Monitor Nacional; Actualmente es la Directora General de Tlaxcala Digital.









